Cabecera. Bibliotecario. Por Edgardo Civallero
Conocimiento y biosfera

Bibliotecas de semillas

Conocimiento y biosfera (01)


 

En su A New Green History of the World ("Una nueva historia verde del mundo", Nueva York: Penguin Books, 2007), Clive Pointing señala:

"A pesar de los enormes aumentos en la producción durante el siglo XX, hacia finales de siglo surgieron signos de una creciente fragilidad en el sistema agrícola mundial. Buena parte del aumento de la producción fue logrado mediante un aumento masivo de los insumos. [...] La producción también depende de un número muy limitado de cultivos y variedades. Durante el siglo XX, cerca de tres cuartas partes de las plantas cultivables se perdieron y ya no se siembran. El 90% de las calorías mundiales proceden hoy solo de veinte especies, y la mitad de la ingesta global de alimentos proviene de solo cuatro: maíz, arroz, trigo y patata. De esas cuatro, el 60 por ciento de la producción procede de variedades especializadas de alto rendimiento. Esto hace que el mundo sea potencialmente muy vulnerable a cualquier enfermedad que afecte a una de estas variedades" (p. 245).

Los "bancos de semillas" aparecieron hacia finales de la década de los 80' precisamente como una respuesta a esa pérdida de especies. Son verdaderos repositorios vegetales, especialmente de aquellas plantas nativas empleadas en la agricultura tradicional que han sido desplazadas por los cultivos dominantes, y prácticamente olvidadas.

Personalmente, prefiero hablar de "bibliotecas de semillas" antes que de "bancos", por las diferentes (y casi enfrentadas) connotaciones que tienen ambos términos. El primero implica una comprensión de la naturaleza de aquello que se almacena, para su pertinente clasificación y organización. Pero también un espíritu de conservación de la memoria, que en este contexto puede entenderse no solo como memoria genética o memoria biológica —el ADN de los vegetales que nos han alimentado a los seres humanos a través de las generaciones— sino también de las buenas prácticas agroecológicas involucradas en la experiencia humana desde que el hombre comenzó a sembrar y a cosechar.

Yendo un paso más allá, entender un almacén de semillas como una biblioteca permite tratar la información genética y etnobotánica asociada a cada especie como una pieza más del enorme tejido del conocimiento humano y, por ende, vincularla con muchas otras piezas de información (antropológica, social, étnica, lingüística...).

Salta a la vista que la relación entre biblioteca (entendida como espacio de salvaguarda, organización y divulgación de cualquier tipo de información) y las disciplinas y movimientos que se ocupan de la biosfera puede ser mucho más estrecha de lo que ha sido hasta el momento. En esta columna iré explorando algunas de esas posibilidades.

 


 

Acerca de la entrada

Textos: Edgardo Civallero.

Foto: Edible Baja Arizona (enlace).

 



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