Cabecera. Bibliotecario. Por Edgardo Civallero

el futuro nos los hacemos o nos lo hacenun blog profesional editado desde 2015

¿Bibliotecas del futuro?

¿Bibliotecas del futuro?

Un puñado de anotaciones críticas


 

Ya me es habitual encontrarme, en redes profesionales, con selecciones de fotos de rutilantes edificios de arquitectura modernista etiquetados como "las bibliotecas del futuro": inversiones multimillonarias en espacios inmensos, con estéticas deslumbrantes...

¿Son esas las bibliotecas del futuro? ¿Es ese el futuro que queremos para nuestras bibliotecas?

En un mundo que ya ha excedido un buen número de límites —incluyendo los de sus finitos recursos—, en donde el decrecimiento debería ser una obligación más que una opción, y en donde los bienes tienen costos cada vez más elevados a todos los niveles, no se puede seguir pensando en construcciones faraónicas. ¿Nos hemos preguntado qué se deja de hacer al invertir dinero en esas obras monstruosas? ¿Qué proyectos se abandonan, qué sueldos se dejan de pagar? ¿Qué consecuencias tienen?

En un mundo en donde el acceso a la información continúa representando un enorme problema para muchos, en donde la brecha digital sigue en pie a pesar de lo que digan las positivas voces del wishful thinking —la Covid-19 nos puso frente a los ojos una cruda realidad— y en donde las bibliotecas públicas reciben cada vez menos apoyo o directamente se cierran, ¿queremos realmente que las inversiones se concentren en esos "palacios"?

¿Ese es el modelo que apoyamos? ¿Eso aplaudimos? ¿Eso es lo que decidimos convertir en trending topic, lo que visibilizamos, lo que celebramos, lo que colocamos como nuestra prioridad?

¿Nos hemos preguntado para quiénes son esas bibliotecas (el "para quién" real, no el de los manipulados discursos políticos que dicen que son "para todos" cuando todos sabemos que eso es falso)? ¿Nos hemos preguntado "para qué"? ¿Son atracciones, loas al poderoso de turno, piezas en el estatus internacional, partes de un discurso de exaltación nacional, o bibliotecas?

Al poner en primera plana a esos "elefantes blancos", prepotentes monumentos al despilfarro, quitamos importancia a los cientos de bibliotecas pequeñas (y no tan pequeñas) que, de una forma o de otra, resisten heroicamente todos los embates, sobreviviendo a pesar de todos y a pesar de todo. Invisibilizamos a esas cientos —o miles— que mantienen sus puertas abiertas a duras penas y que, al hacerlo, proporcionan las bases elementales de la alfabetización, la lectura y el acceso a la información en todo el mundo. ¿Harán eso las que se nos presentan como "bibliotecas del futuro"? ¿O se limitarán a mostrar sus muros relucientes a las manadas de turistas que las visitarán para sacarse las selfies de turno?

Al aplaudir esas propuestas estamos festejando, aprobando y dándole alas a un capitalismo salvaje que en realidad no se preocupa por abrir puertas al saber, sino por esa monumentalidad artificiosa del "más es mejor" y del exhibicionismo de recursos y riquezas (en un mundo empobrecido). Estamos dándole la bendición a un modelo tecnológico basado en la rapiña de recursos naturales, en la obsolescencia programada y en la generación de toneladas de e-waste. Estamos aceptando y normalizando un consumismo que ya nos debería ser ajeno o, cuanto menos, sospechoso.

Nos dejamos arrastrar por esa admiración de rebaño hacia lo grande y lo lujoso, nos dejamos contagiar por un anhelo hacia algo que jamás tendremos —porque no podemos pagarlo, ni mantenerlo, y probablemente ni siquiera lo necesitamos—, nos dejamos infectar por esa envidia (ligera o profunda) por la suerte ajena al disfrutar tamaños bienes... Y en ese trayecto perjudicamos nuestra visión del mundo y nuestra escala de valores, ninguneamos nuestros éxitos —esos proyectos hechos a medida, socialmente responsables, adaptados a las necesidades y posibilidades locales— y nos planteamos metas y expectativas irreales, dándole importancia a lo superfluo y lo novedoso y quitándosela a lo verdaderamente relevante, valioso e innovador.

¿Bibliotecas del futuro? Confío en que no. Espero que el futuro de las bibliotecas sea más abierto, responsable, realista, solidario y comprometido. Y, sobre todo, que esté totalmente enraizado en sus territorios y ligado a las comunidades que los habitan.

 

Acerca de la entrada

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La "biblioteca del futuro" de Binhai, en Tianjin, China. En Libros al aire [enlace].

 


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