Cabecera. Bibliotecario. Por Edgardo Civallero

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Apuntes críticos

La perspectiva del otro

Apunte crítico 15


 

La primera vez que aquel joven inexperto que yo fui alguna vez entró en esa comunidad indígena del noreste de Argentina —una comunidad de cuyo nombre no es necesario que me acuerde ahora— y les anunció que les llevaba "la biblioteca" (con el mismo tono con el que un predicador anuncia a una caterva de pobres pecadores que les trae la salvación de sus almas), recibió miradas intrigadas y una sola respuesta:

—No necesitamos una biblioteca.

Todo lo que había aprendido (o creído aprender) en la universidad fue incinerado en segundos por aquella afirmación. Y yo salí de allí comido por las dudas. ¿Cómo alguien podía no querer algo tan maravilloso como una biblioteca?

El caso es que lo que los habitantes de aquella comunidad —y los de muchas otras, según iría averiguando con el paso de los meses— no querían, aunque no supieran expresarlo demasiado bien, era el modelo de biblioteca que yo les ofrecía. Nuestra biblioteca. Una biblioteca que los había dejado sistemáticamente fuera de sus estantes. Una que, en no pocos casos, les prohibía entrar a sus salas. Porque eran "indios". Eran sucios, ladrones, no sabían comportarse como personas educadas...

(En aquella época creí que ese problema se limitaba a Argentina. Luego, cuando empecé a viajar, lo encontré en el resto de América Latina. Y del mundo.)

Solucioné la reticencia de aquella comunidad creando un modelo de biblioteca adaptado a sus necesidades (una serie de pequeñas bibliotecas sonoras móviles). Pero fue algo que tuve que descubrir a la fuerza: no me lo habían enseñado. A muchos de nosotros no nos enseñaron que no hay un solo modelo de biblioteca. A muchos de nosotros no nos enseñaron que, para ser exitoso, cualquier proyecto (incluyendo una biblioteca) debe adaptarse a las necesidades y, sobre todo, a las ideas y a las realidades de sus usuarios finales, aunque para ello tengamos que destrozar todas nuestras estructuras preconcebidas y tragarnos no pocos prejuicios.

A muchos de nosotros, en fin, no nos enseñaron que una biblioteca es un espacio de encuentro entre una persona (o una comunidad) y el conocimiento. Y que ese espacio y ese encuentro pueden asumir —¡qué maravilla!— miles de formas distintas. Tantas como perspectivas distintas hay en este, nuestro diverso mundo.

 

[Entrada perteneciente a la serie Apuntes críticos].

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 01.11.2018.

Foto: "Biblioteca comunitaria en Perú", de Blogger (enlace).

 


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