Cabecera. Bibliotecario. Por Edgardo Civallero
Palabras ancladas 12

Viejas historias de las islas Célebes

Palabras ancladas (XII)


 

[Una versión resumida de este texto fue publicada como "Eslabón 12" de la columna bimestral del autor titulada "Palabras ancladas", incluida en la revista Fuentes. Revista de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional de Bolivia (vol. 12, nº 55, marzo-abril de 2018). Las entradas de esa columna serán compartidas en este blog, en la sección correspondiente].

 

Parte de las Islas Mayores de la Sonda, las islas Célebes son un archipiélago compuesto por una isla principal y una miríada de islotes anclados en el océano Índico, al sur de Mindanao, entre Borneo y las Molucas. La isla principal ―la que da nombre al todo― es un conjunto de cuatro penínsulas y otros tantos golfos, y tiene el tamaño suficiente para ser considerada la undécima ínsula más grande del planeta. Las menores se organizan en al menos una decena de grupos, que salpican las aguas formando un auténtico laberinto marítimo.

El nombre original ―el preferido en la actualidad― es Sulawesi, "isla de hierro" en lengua local: una denominación probablemente derivada de la pretérita abundancia de minas de ese metal en los alrededores del profundo lago Matano. Los exploradores portugueses que "descubrieron" ese pedazo de tierra (es decir, los que llegaron al magnífico puerto comercial de Macasar hacia 1511) pronunciaron el término como "Célebes" y así lo incluyeron en sus crónicas y cartas marítimas. Su uso en la literatura europea se mantuvo durante más de cuatro siglos, y no fue hasta la independencia de Indonesia, en 1945, cuando se lo abandonó progresivamente, como voz de un pasado colonial a olvidar.

La isla está habitada por unas 160 sociedades tradicionales, pertenecientes a grupos lingüísticos como el celébico, el sama-bajaw, el papúa occidental y otras familias malayo-austronesias. A pesar de lo aislado e irregular del territorio, la presencia humana en él se constata desde temprano: algunas de las pictografías halladas en las paredes de las famosas cuevas del distrito de Maros tienen alrededor de 40.000 años y se encuentran, por ende, entre las expresiones figurativas más antiguas realizadas por el Homo sapiens.

Uno de los grupos lingüísticos y étnicos más importantes de la isla (así como de Indonesia y áreas adyacentes, como Malasia y Singapur) son los Bugi o Ugi. Conocidos entre los antropólogos por ser una de las pocas culturas del mundo que reconocen más de dos géneros (aceptan hasta cinco), los Bugi son plantadores de arroz, pescadores y comerciantes que pueblan una de las cuatro penínsulas que componen Sulawesi: en concreto, la meridional. Convertidos al Islam a principios del siglo XVII, fueron eximios navegantes que, a bordo de sus veleros pinisi de dos palos, llegaron al norte de Australia, el archipiélago malayo y la China continental buscando bienes suntuarios como nácar, perlas, trepang (pepinos de mar secos) o plumas de aves del paraíso. Su habilidad en el mar y la compleja geografía de su región de origen les permitieron, en determinados momentos históricos, dedicarse la piratería junto a sus vecinos macasares.

En un área en la que los esfuerzos por perpetuar saberes se remontan al Paleolítico, no es de extrañar que existiese una fuerte tradición oral. Entre los contenidos transmitidos de boca en boca y de edad en edad se encontraban los mitos de creación, que al menos desde el siglo XIV fueron recopilados en manuscritos de hojas de palma. Los Bugi utilizaron para esa tarea una escritura propia, angulosa, que llamaron urupu sulapa eppa (literalmente, "letras de cuatro esquinas") y que hoy se denomina lontara.

Una de las piezas que recoge algunos de esos mitos de creación es conocida como Sureq Galigo o La Galigo. Se trata de un poema escrito en pentámetros que relata la historia del origen de la humanidad. Las versiones más antiguas de ese texto que han llegado a nuestras manos se remontan al siglo XVIII, aunque se supone que existieron manuscritos anteriores (que se habrían perdido debido a la acción de la humedad y los insectos) y se asume que el relato habría sido transmitido oralmente al menos desde el siglo XII.

* * *

No hay una versión completa y definitiva del Sureq Galigo. Se conservan unos 300.000 versos, que caben en unas 6.000 páginas, lo que convierte al poema en la más extensa obra literaria producida por el ser humano, superando incluso al Mahābhārata indio.

Por su origen, sus contenidos y su estructura, el manuscrito del Sureq Galigo más valioso se encuentra en la biblioteca de la Universidad de Leiden (Países Bajos). Fue obtenido por Benjamin F. Matthes (1818-1908), un lingüista y misionero protestante nacido en Ámsterdam, que trabajó para la Nederlands Bijbelgenootschap, la Sociedad Bíblica Holandesa.

En 1847, Matthes viajó a Sulawesi para aprender las lenguas locales del sur de la isla ―en especial el macasar y el bugi―, producir los correspondientes diccionarios y gramáticas y usarlos para traducir la Biblia. Una vez allí, y en medio de otras tareas lingüísticas y etnográficas, el holandés quiso hacerse con una copia de la historia del Sureq Galigo, cuyos manuscritos, fragmentarios, había ido encontrando en sus viajes y contactos en la zona. Para ello recibió la imponderable ayuda de Colliq Pujié, una noble del pueblo Bugi que recopiló y transcribió para él un total de doce tomos. Si bien semejante volumen de información incluye únicamente la primera parte del poema épico, se trata del fragmento más largo y mejor organizado que poseemos.

Colliq Pujié (cuyo nombre completo fue Retna Kencana Colliq Pujié Arung Pancana Toa Matinroé ri Tucaé) era hija de La Rumpang, soberano del reino Tanete, una pequeña unidad política del pueblo Bugi ubicada en la actual regencia de Barru. Acosado por los ocupantes holandeses, La Rumpang pocas veces pisaba el palacio real: delegaba sus funciones en su hija, que terminó recibiendo de los suyos el apelativo de Datu' Tanete, un título equivalente a "reina".

Nacida en 1812, Colliq Pujié se dedicó desde joven a escribir, editar antiguos textos de su pueblo, copiar manuscritos y, como queda dicho, ocuparse de los asuntos de palacio. En un tiempo en el que las mujeres no solían recibir ningún tipo de educación, ella tuvo la fortuna de acceder a ella al vivir en un ambiente intelectual creativo y abierto. Fue así como pudo aprender el bugi antiguo, el idioma en el que se escribía y recitaba La Galigo, que ya para entonces no era utilizado de forma cotidiana sino en contextos puramente ceremoniales.

En 1852 Matthes visitó varias regiones de habla bugi, interesado en la lengua. En Tanete conoció a Colliq Pujié, aunque el encuentro no pasó de un mero contacto formal. Tres años más tarde falleció La Rumpang, y la hija de Colliq Pujié, La Makkawaru, fue elegida como reina. Pronto surgieron profundos conflictos en el seno de la familia real, dado que la nueva soberana era proclive a colaborar con los ocupantes holandeses, algo a lo que su progenitora siempre se opuso. Para mantener su control sobre la zona (y sobre gobernantes-títeres como La Makkawaru), los europeos fueron acallando todas las voces críticas, incluida Colliq Pujié, que fue exiliada en el puerto de Macasar.

En esa ciudad se reencontró con Matthes, a quien ayudó preparando una copia de La Galigo. El misionero ―el primer europeo en aprender la lengua bugi y en realizar la correspondiente traducción de la Biblia― había recolectado en sus viajes una buena cantidad de manuscritos de palma que contenían fragmentos del poema. La colaboración duró dos décadas, a lo largo de las cuales la mujer revisó y compiló diez volúmenes. Al mismo tiempo ayudó a la célebre viajera y exploradora austríaca Ida L. Pfeiffer en 1853, y al investigador A. Lighvoed en 1870.

Colliq Pujié fue, además, una autora prolífica. En 1852 terminó Lontaraqna Tanete ("Historia del reino Tanete"), a la que le siguieron el poema Sureq Baweng y numerosos elong, un género literario similar al pantun malayo.

En 1859, a pedido de su hija, volvió a Tanete. Y allí murió, en noviembre de 1876.

* * *

La literatura tradicional de los Bugi fue presentada por primera vez en Occidente por John Leyden (1811), aunque atrajo escasa atención entre los investigadores europeos: uno de los pocos interesados, de hecho, fue Matthes, pionero en estudiar intensivamente la lengua usando para ello las abundantes fuentes escritas que halló en Sulawesi. Esas fuentes, manuscritos de palma cuidadosamente escritos y conservados, se llamaban lontaraq y sureq, y podían almacenar desde largas listas genealógicas reales (pangoriseng) e historias locales (attoriolong) a tratados (ulu ada), manuales para la construcción de casas y barcos, o poemas épicos. Matthes publicó una antología de esos documentos en los dos volúmenes de su Boegineesche Chrestomathie (1864-1872). En líneas generales, puede decirse que los sureq contenían belles lettres, generalmente una forma de poesía (como La Galigo) y que los lontaraq eran textos en prosa, de orientación más práctica.

Sureq Galigo es una obra que encierra saberes pre-islámicos y tradiciones austronesias poco alteradas. No se perciben en sus estrofas influencias de las culturas de la India, a pesar de que estas fuesen fuertes y continuas en todo el sureste asiático, lo cual da una idea de la antigüedad del poema. El texto suele dividirse en dos partes. La primera narra el origen de la presencia humana sobre la Tierra, es decir, la de los Bugi en el sur de Sulawesi. Entre muchas otras cosas, incluye narraciones como la de Sangiang Serri, de belleza inigualable, que fue transformado en la planta del arroz. La segunda parte aborda la historia de un héroe cultural, Sawerigading, descendiente de los dioses, que tuvo incontables aventuras y visitó las tierras que rodean Sulawesi (e incluso el cielo y el inframundo). Sawerigading fue el padre de La Galigo, otro héroe, cuyo nombre da título al poema.

Matthes llevó a Ámsterdam los volúmenes compilados por Colliq Pujié y los depositó en la colección indonesia de la Sociedad Bíblica Holandesa. En 1905 esa colección fue donada, en préstamo permanente, a la biblioteca de la Universidad de Leiden.

En 2011 el manuscrito del Sureq Galigo fue inscripto en el registro de la Memoria del Mundo de la UNESCO. Y desde 2017 puede consultarse una versión digitalizada en línea. El texto sirvió de base para una adaptación musical del estadounidense Robert Wilson, I La Galigo, exhibida en todo el mundo desde 2004; entre los actores que participan en la representación se encuentran los últimos chamanes bissu del pueblo Bugi.

Por su parte, en febrero de 2015 el gobierno de la regencia de Barru levantó un enorme monumento a Colliq Pujié, para celebrar su aporte a la cultura indonesia y al patrimonio (in)tangible universal. Los pasos de aquella noble Bugi fueron continuados por personas como Muhammad Salim (fallecido en 2011), que se ocuparon de transliterar y traducir el Sureq Galigo desde el silabario lontara al árabe o el latino.

En esa misma estela se inscriben iniciativas como Lontara Project, que busca popularizar el texto y sus contenidos, digitalizados, entre los jóvenes indonesios, utilizando para ello las redes sociales. Nuevas formas para una transmisión de saberes que parece no haberse visto interrumpida desde que los primeros humanos de Sulawesi estarcieron sus manos en unas cuevas de Maros, hace cuarenta milenios.

 

Referencias

Kasastra (2017). Mengenal Kitab Sastra Bugis: Sureq Galigo. [En línea].

Koolhof, Sirtjo (2008). Sureq versus lontaraq: The Great Divide? En Lander, Y.; Ogloblin, A. (eds.). Language and Text in the Austronesian World. Munich: Lincom GmbH. [En línea].

Lontara Project (2012). "Pucuk yang Terpuji" Penyelamat La Galigo dari Negri Tanete. [En línea].

Nederlandse UNESCO Commissie (2017). Universiteitsbibliotheek Leiden digitaliseert manuscript "La Galigo". Communicatie & Informatie, 4 de septiembre. [En línea].

Sahabat Kota Tua (2018). Wanita Perkasa Dari Sulawesi Selatan. [En línea].

UNESCO (2011). La Galigo. Memoria del Mundo. [En línea].

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.

Fecha de publicación: 09.04.2019.

Foto: Fragmento del manuscrito de La Galigo conservado en la Universidad de Leiden. En Nederlandse UNESCO Commissie (enlace).

El texto corresponde al artículo "Viejas historias de las islas Célebes", de Edgardo Civallero, almacenado en Acta Académica y en Issuu.

 


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