Cabecera. Bibliotecario. Por Edgardo Civallero

el futuro nos los hacemos o nos lo hacenun blog profesional editado desde 2015

Palabras ancladas 17

El zorro de arriba y el zorro de abajo

Palabras ancladas (XVII)


 

[Una versión resumida de este texto fue publicada como "Eslabón 17" de la columna bimestral del autor titulada "Palabras ancladas", incluida en la revista Fuentes. Revista de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional de Bolivia. Las entradas de esa columna serán compartidas en este blog, en la sección correspondiente].

 

Ocurrió en las faldas de un cerro llamado Latausaco, en el camino que subía serpenteante desde la costa a la sierra, allá por tierras de Huarochirí. Así, al menos, cuenta la historia. Un zorro que bajaba de la parte alta de la montaña se topó con uno que subía desde la parte baja. Se vieron, se saludaron y empezaron a charlar. En quechua, claro. Pues era el tiempo mítico andino en el que los animales hablaban, y convivían con dioses, héroes y hombres.

"Wawqi, hermano, ¿cómo están arriba?" preguntó el de abajo. "Alliqa allim", dijo el otro. "Lo que está bien, está bien". Acto seguido le refirió los problemas de Tamtañamca, el atribulado señor de la comunidad de Anchicocha, gravemente enfermo por la rotura de un tabú. Probablemente el de abajo murmurase un "ajá" y asintiese, aunque eso la narración no lo recoge. "Hermano, ¿y cómo está la gente de abajo?" quiso saber, a su vez, el zorro de arriba. Su congénere de la parte baja procedió a contarle las desgracias de la hija de un gran jefe, que a punto había estado de morir "por culpa de un pene".

Este pequeño relato forma parte de un manuscrito que recoge la historia mítica de un sector de los Andes del actual departamento de Lima, en Perú: el Manuscrito de Huarochirí. A pesar de ocupar solo unas líneas del quinto capítulo, "El zorro de arriba y el zorro de abajo" —así es conocido el relato del diálogo entre los dos zorritos andinos— es uno de los fragmentos más difundidos de un documento que, por sus características, puede considerarse como uno de los más importantes producidos en la América colonial.

* * *

El Manuscrito de Huarochirí forma parte de una serie de textos que versan sobre historia prehispánica de los Andes y que actualmente se conservan en la Sección "Manuscritos" de la Biblioteca Nacional de España, en Madrid, en un cartapacio de 174 hojas. Caratulado como Papeles varios sobre los indios Incas, Huarochiris y otras antigüedades del Perú, dicho cartapacio incluye textos de Cristóbal de Molina, Polo de Ondegardo, Garcilaso de la Vega el Inca y Santa Cruz Pachacuti.

El Manuscrito... comienza con 35 capítulos escritos en quechua —menos los encabezados de los seis primeros y las notas marginales, apuntadas en castellano— y titulados mediante una parte de la oración inicial: Runa ynº niscap machoncuna naripapacha quill casta yachan mancarca... [1]. A esa treintena de capítulos les siguen dos relaciones, también en quechua, que constituyen suplementos del documento anterior; ambos textos, breves, están escritos en un lenguaje denso y se encuentran plagados de glosas castellanas. Cierra el Manuscrito... un Tratado y relación de los errores... [2], siete capítulos que fueron escritos en 1608 y cuyo final se encuentra incompleto.

Se supone que el conjunto perteneció al extirpador de idolatrías Francisco de Ávila: sus anotaciones se encuentran en el margen de las hojas de los textos en quechua, y en el título completo del Tratado... se especifica sin lugar a dudas su autoría. Los contenidos en lengua indígena, sin embargo, no salieron de su mano: fueron recogidos de informantes nativos durante el trabajo de Ávila en Huarochirí, y transcritos y organizados por una persona que habría trabajado para el religioso durante su agresiva campaña evangelizadora por tierras andinas.

* * *

Nacido en Cuzco, Francisco de Ávila (1573-ca. 1647) fue un mestizo expósito que quedó bajo la tutela de una familia española. Estudió con los jesuitas de la vieja capital incaica y luego se trasladó a Lima, a la Universidad Mayor de San Marcos. Fue ordenado presbítero en 1596, y obtuvo por concurso el curato de San Damián, en Huarochirí, en donde trabajó diez años (1598-1608). Fue en ese curato en donde comenzó a denunciar las "idolatrías" indígenas. Su actitud beligerante le valió el nombramiento de visitador [3], cargo a través del cual llevó a cabo una verdadera cruzada contra las tradiciones religiosas locales.

Probablemente el Manuscrito... fue producto de la campaña de "extirpación de idolatrías" desarrollada por Ávila hacia 1608, una actividad que quedó recogida en la Carta Annua de 1609, escrita por los jesuitas Pedro de Castillo y Gaspar de Montalvo. El presbítero recorrió las poblaciones de su curato haciendo preguntas sobre ídolos antiguos, creencias y prácticas rituales, mitos y leyendas, adoratorios y huacas, sacerdotes y sabios, con el claro propósito de identificarlos y eliminarlos. Dada la complejidad lingüística de la región, habitada por comunidades que no siempre hablaban o comprendían la Lengua General (el runasimi o quechua), Ávila no habría tenido más remedio que moverse y trabajar con intérpretes indígenas locales. Con los testimonios que recogió redactó su Tratado..., que dejó inconcluso tras escribir siete capítulos en los que incluyó tanto los saberes de sus informantes, volcados al quechua por sus colaboradores, como sus propias digresiones teológicas, centradas en el proceso de evangelización de los Andes y las tareas de catequesis en Huarochirí.

Ávila entendió que, por debajo de la tenue capa de cristianismo que cubría la sierra andina, las viejas creencias nativas sobrevivían con una salud respetable, transmitidas oralmente y puestas en práctica una y otra vez, generación tras generación. Consciente de la importancia de su trabajo de recolección de testimonios a la hora de ubicar huacas y reconocer las prácticas paganas de los habitantes de los Andes, el religioso continuó con la labor, aunque la habría dejado en manos de uno de sus ayudantes. De hecho, en el margen de la hoja 91 del Manuscrito... figura una nota, "De la mano y pluma de Thomas", que se referiría al autor real de las entrevistas y la compilación, traducción y organización de los saberes orales recogidos. De acuerdo con los lingüistas que han examinado los contenidos del documento, tal autor hablaba una lengua de la familia aru (aymara del altiplano o jaqaru de Tupe, en Yauyos), manejaba la Lengua General, conocía los dialectos locales del runasimi, y reconocía otros idiomas empleados en la zona.

Paradójicamente, lo que comenzó con el objetivo de desterrar de los Andes unas tradiciones y unos saberes determinados, terminó convirtiéndose en una cápsula en la cual ese patrimonio sobrevivió, inalterado, a través de los siglos.

* * *

Thomas no se limitó a recolectar información oral a través de entrevistas, como hacen los etnógrafos e historiadores actuales. Fue mucho más allá. Con los elementos recogidos preparó un libro en capítulos, con una estructura que va de lo general a lo particular. Y, a pesar del trabajo de redacción, el producto final no es una creación literaria: Thomas supo conservar la autenticidad de los saberes que le fueron confiados. El estilo que mantuvo a lo largo del texto es absolutamente oral. Muy bien podría ser una historia narrada por un hombre o una mujer cualquiera en los Andes centrales, una noche, a orillas del fogón.

El motivo que lo habría impulsado a elaborar un documento con semejantes características parece haber sido el deseo de rescatar el pasado de las comunidades indígenas de Huarochirí. Un pasado que, desde su perspectiva, estaba condenado a desaparecer debido a la ausencia de destrezas escritoras entre las sociedades originarias andinas. De hecho, así lo declara en las primeras líneas del manuscrito quechua:

Si, en los tiempos antiguos los antepasados de los hombres llamados indios hubieran conocido la escritura no se habrían ido perdiendo todas sus tradiciones como ha ocurrido hasta ahora. Más bien se habrían conservado, como se conservan las tradiciones y el recuerdo de la antigua valentía de los huiracochas [blancos] que, gracias a sus crónicas, aún hoy son visibles. Pero como es así, y hasta ahora no se las ha puesto por escrito, voy a relatar aquí las tradiciones de los antiguos hombres de Huarochirí todos protegidos por el mismo Padre, Pariacaca, la fe que observan y las costumbres que siguen hasta nuestros días. Además, en cada comunidad se transcribirán las tradiciones conservadas desde sus orígenes.

Puede decirse que Thomas logró su objetivo. Hoy por hoy, el Manuscrito... resulta ser el único documento colonial que presenta creencias andinas precolombinas —e incluso preincaicas— plasmadas de forma auténtica. Ofrece un cuadro completo y coherente de la mitología de ese rincón de la cordillera de los Andes, de sus ritos, de algunas expresiones culturales (la música y la danza, por ejemplo, están muy presentes en el relato), y de algunas facetas de la estructura social indígena. Se trata, además, del único documento conocido que está escrito en el quechua popular empleado durante los siglos XVI y XVII. En resumen, es una de las obras más interesantes producidas en América Latina en la época colonial. Como señala Taylor (2008):

...el manuscrito de Huarochirí es el único documento en quechua colonial en el que uno de los "hombres llamados indios" trata de rescatar el pasado de su pueblo redactando su testimonio en una lengua aborigen.

Existieron otros textos contemporáneos que compilaron información sobre las religiones nativas. Un ejemplo es la detallada crónica de Cristóbal de Molina (ca. 1573); sin embargo, no son sino un listado de prácticas religiosas o descripciones de calendarios rituales. El Manuscrito... es distinto: un conjunto de relatos míticos bien estructurados, con personajes de origen divino que interactúan entre sí de manera lógica desarrollando una historia. Según Millones y Mayer (s.f.):

Lo que el documento de Huarochirí nos ofrece es lo más cercano al libro sagrado de una región quechuahablante: es el equivalente andino del Popol Vuh de los mayas.

* * *

Huarochirí es hoy una de las seis provincias del departamento de Lima. Ocupa las tierras altas, terrenos escabrosos que pueden sobrepasar los 3000 m de altitud y que forman parte de las estribaciones occidentales de la cordillera de los Andes.

Antes de la llegada hispana, Huarochirí habría sido parte del territorio de la cultura ychsma o ichma. Entre 900 y 1470 d.C. esa sociedad habitó el señorío homónimo, ubicado en la costa central peruana, en los valles medios y bajos de los ríos Lurín y Rímac. El principal centro ceremonial de Ichma fue la célebre ciudadela de Pachacámac.

Como ocurrió con buena parte del actual Perú, Huarochirí fue ocupado por los incas, y anexado al Tawantinsuyo como parte de la "provincia" de Yauyos. Con la llegada de los invasores europeos el mapa político cambió, y para 1610 era la ciudad de Lima la que tenía jurisdicción sobre lo que entonces se llamó "la provincia de Indios" de Huarochirí.

Habrían sido los descendientes de los ichmas los que habrían narrado los relatos míticos y legendarios recogidos en las páginas del Manuscrito... Unas páginas que por siglos estuvieron en la Biblioteca del Palacio Real de Madrid, en donde fueron descubiertas por el americanista y etnólogo germano Hermann Trimborn. Este las tradujo al alemán y las publicó en 1939 en Leipzig, en edición bilingüe, bajo el título Demonios y magia en el Reino Inca.

Hubo otras publicaciones subsecuentes, incluyendo suplementos del propio Trimborn en 1941. Sin embargo, uno de los aportes más interesantes fue la primera traducción al castellano del relato de Huarochirí, realizada por el escritor peruano José María Arguedas, y publicada como Dioses y hombres de Huarochirí.

Arguedas contó con ayuda externa para la transcripción paleográfica del manuscrito quechua, y con la colaboración del lingüista Alfredo Torero para la traducción. Aún así, y de acuerdo con varios críticos que han analizado su obra, el resultado fue demasiado literario. De hecho, una versión más cercana al original fue preparada por otro lingüista, Gerald Taylor, en 1987, y lanzada con el nombre de Ritos y tradiciones de Huarochirí.

Años después de terminar aquella traducción, y quizás con los viejos mitos andinos aún rondando su cabeza, Arguedas tituló su novela póstuma El zorro de arriba y el zorro de abajo. Una novela sobre migraciones de la Sierra peruana a la costa, sobre discriminación y sobre muchos olvidos. Una que quedó incompleta cuando el autor decidió poner fin a sus días.

* * *

Los zorros jamás dejaron de hablar en los Andes. Fueron animales que poblaron los relatos de las comunidades indígenas. Y sus altares. Cristóbal de Albornoz, otro famoso extirpador de idolatrías del periodo colonial peruano, apuntó en su Instrucción para descubrir todas las guacas del Pirú que "Pachacamac, guaca principal de los dichos indios de la dicha provincia de Ychmay, la más principal que hovo en este reino, era una zorra de oro que estaba en un cerro, hecha a mano, junto al pueblo de Pachacamac" (Duviols, 1967). Y a continuación añadió que otra deidad que aparece mencionada en el Manuscrito..., Tantañamca, "de los dichos indios ychmas, era una zorra muerta que estava a la puerta de la dicha Pachacamac".

Por su parte, Fray Antonio de la Calancha, agustino y cronista de Charcas, anotó en su Crónica moralizada que se sacrificaban zorras al dios de los terremotos, y cita al cronista jesuita Blas Valera para señalar que la "zorra de oro" mencionada por Albornoz fue de hecho hallada "entre cántaros en este templo de Pachacamac" (Calancha, 1653). Estos testimonios, aunque breves, demuestran que el zorro siempre fue un animal con rasgos sacros en los Andes. Su aparición en un texto tan importante como el de Huarochirí no fue gratuita.

Más allá de los aspectos divinos, los dos zorros parlanchines de la cuesta del Latausaco han dejado para la posteridad latinoamericana una imagen muy clara, casi ejemplar: dos mitades complementarias del mundo —la de arriba y la de abajo, en el imaginario andino— que dialogan y se preocupan la una por la otra.

Y que se siguen preguntando, a través de los siglos, "wawqi, hermano, ¿cómo están por allá?"

 

Notas

[1] En quechua, "Si en los tiempos antiguos los antepasados de los hombres llamados indios hubieran conocido la escritura no se habrían ido perdiendo... [...todas sus tradiciones como ha ocurrido hasta ahora]".

[2] El título completo es "Tratado y relación de los errores, falsos dioses y otras supersticiones y ritos diabólicos, en que vivían antiguamente los indios de las provincias de Huaracheri, Mama y Challa, y hoy también viven engañados, con gran perdición de sus almas; recogido por el Dr. Francisco de Ávila, presbítero (cura de la dicha provincia de Huacheri y vicario de las tres arriba dichas)".

[3] En la América colonial, la visita fue un procedimiento de fiscalización de los asuntos del Estado puesto en práctica por la Corona de España. Consistía en la aplicación de la aplicación de la ley en aspectos tributarios, judiciales o, en este caso, eclesiásticos.

 

Referencias

Arguedas, José María (1966). Dioses y hombres de Huarochirí. Edición bilingüe. Narración quechua recogida por Francisco de Ávila [¿1598?]. Lima: Instituto de Estudios Peruanos.

Calancha, Antonio de la (1653/1974). Crónica moralizada del orden de San Agustín en Perú. Edición de Ignacio Pastor Prada. Lima: S.d.

Duviols, Pierre (1967). Un inèdit de Cristóbal de Albornoz: la Instrucción para descubrir todas las guacas del Pirú y sus camayos y haziendas. Journal de la Societé des Americanistes, 56 (1), pp. 7-39.

Millones, Luis; Mayer, Renata (s.f.). La fauna sagrada de Huarochirí. [En línea]. https://books.openedition.org/ifea/6527?format=toc

Taylor, Gerald (ed.) (2008). Ritos y tradiciones de Huarochirí. Edición bilingüe quechua normalizado-castellano. Lima: IFEA.

Trimborn, Hermann (1939). Dämonen und Zauber im Inkareich. Aus dem Khetschua übersetzt und eingeleitet von Dr. Hermann Trimborn. Quellen und Forschungen zur Geschichte der Geographie und Völkerkunde, Band 4. Leipzig: K. F. Koehler Verlag. [En línea]. http://www.bibvirtual.ucb.edu.bo/etnias/digital/106000192.pdf

Trimborn, Hermann (1941). Dämonen und Zauber im Inkareich. Nachträge zum Khetschuawerk des Francisco de Avila. Zeitschrift für Ethnologie, 73 (4/5), pp. 146-162.

VV.AA. (1613). Papeles varios sobre los indios Incas, Huarochiris y otras antigüedades del Perú. Biblioteca Digital Hispánica. [En línea]. http://bdh.bne.es/bnesearch/detalle/bdh0000087346

 

Acerca de la entrada

Texto: .

Fecha de publicación: .

"Dioses y hombres de Huarochiri". En Blogger [enlace].

El texto corresponde al artículo "El zorro de arriba y el zorro de abajo", de Edgardo Civallero, almacenado en Acta Académica.

 


Etiquetas: ,